domingo, 12 de agosto de 2012

Hair-covered women of the world, Unite!

“El espectáculo no es una colección de imágenes,
sino una relación social entre las personas,
mediatizada por las imágenes” G. D.

 I-

 ¿Te hago un striptease, mami?”, me dijo un hombre semi desnudo a las seis de la tarde en mitad de una plaza concurrida de una gran ciudad latinoamericana. Deseé ser ninja por dos motivos. Para quebrar todos su cuerpo y ocultarlo quizás bajo un rastro de sangre. Para que a causa de mi atuendo no tuviese la dicha de mirar las flores de mi cuerpo.



 II-

“Cubro mi cabeza para mostrar mi corazón”, es la leyenda de un dibujo insurrecionalista- anárquico en el que una niña, delante de un mundo partido en dos (a la izquierda un paisaje natural, a la derecha una ciudad ardiendo) muestra de su cuerpo sólo sus ojos, y un corazón latiente que lleva en las manos. No quiero reflexionar sobre la escatología de los grupos anarquistas, que se acerca misteriosamente por momentos a la más representada de las imaginerías católicas, el Divino Corazón. No me interesa ahora recalcar los vínculos entre el martirio como institución religiosa y el martirio como institución político-militante; aunque esas aleaciones me llamen la atención, hoy me conformo con nombrarlas. Lo que me interesa de esta imagen es otra cosa.
Dirá alguien :
-“el motivo por el cual la niña de la imagen cubre su rostro, más allá de su poética interpretación, es sencillo: las acciones insurrectas son por definición clandestinas e ilegales, y el ocultamiento del rostro conforma una salvaguarda de su identidad, por lo tanto de su persona, ante posibles represalias de los agente represivos”.
Y es cierto. Pero por otro lado, o a su vez, aquello de que “ocultar su rostro contribuye a mostrar su corazón”, también lo es. El movimiento zapatista, por ejemplo, se ha hecho eco en muchas ocasiones de este mismo espíritu. Los pasamontañas, al encubrir las singularidades, generan una identidad común y colectiva, muestran “el corazón” de un grupo porque ocultan “los egos” individuales.

 III-

“Its not about the part of me that hides, Its about the part of me that shows”, dice una mujer en la televisión canadiense. “ No es por lo que oculta de mí, sino por lo que muestra”, sería una traducción posible para este contexto. La similitud entre ambas frases es llamativa.  ¿Es acaso, esta mujer, una joven insurrecionalista encapuchada para prender fuego las ciudades? No. Es un personaje de una comedia musulmana que le explica a su pretendiente por qué usa el velo.
Si bien su justificación en parte es la misma que la de nuestra joven anarquista, la interpretación social del fenómeno es muy diferente, casi opuesta.

 IV-

De lo que no puedo saber, mejor hablar. Tal vez el golpe de la mano contra la hoja, tal vez el choque del dedo contra la tinta, tal vez la punta de una palabra penetrando el aire produzca algo que pueda algún día llamarse “conocer”. Deriva inquieta del pensamiento: danza del riesgo con la duda. No sigue a esta línea ninguna certeza, sino el deseo de una incertidumbre compartida.

 V-

Y siempre se puede ir más allá. Muchas mujeres musulmanas deciden cubrir sus rostros y no sólo sus cabellos. El atuendo que utilizan, o mejor dicho, su utilización misma, ha sido prohibida en muchos países europeos, que aseguran que ocultar el rostro es sinónimo de sumisión. La lectura digerida de nuestra descripción de la imagen uno ve  al pasamontañas como una desesperada forma de libertad. Por un extraño azar, el rostro cubierto de una musulmana francesa se resignifica como un signo terrible de esclavitud.

VI-

Una paradoja: los movimientos feministas, los movimientos LGTTB han luchado por la “visibilización”. Hay personas que reclaman, sin embargo, su derecho a ser invisibles.
¿Qué significa ser “invisible”? ¿Por qué razón le causa a la sociedad un miedo extraño que alguien oculte su rostro?
Una respuesta sobre qué es la invisibilidad podría comenzar tal vez mirando más de cerca lo visible.
Un filósofo muerto y querido escribió alguna vez que nuestra sociedad esconde su compulsión por mostrar tras la hipótesis del tabú, de que somos parte de una maquinaria represiva que no nos deja expresarnos. Tal vez, dijo, nuestra sociedad sea todo lo contrario. Tal vez vivamos en un vecindario en el que la ley sea exponernos, vivir desnudos ante el lente de la cámara, ante el ojo del falso censor.
Otro filósofo muerto también dijo que la regla de nuestro tiempo es el espectáculo. Vivimos el mundo a través de la mediatización de las imágenes. Lo que no aparece, no existe. Lo que no existe, no aparece.

 VII-

Alguien podría aventurar una hermandad secreta entre una anciana palestina y una muchacha zapatista, un encuentro amoroso entre la burka y el pasamontañas. En esa historia, las mujeres de la cabeza cubierta liberarían para sí un espacio propio, usurpado a las dictaduras de la imagen. Por fuera de la legalidad de los desfiles de moda y las propagandas de maquillaje, por fuera de la perversidad de la foto de pasaporte, por fuera del concurso de baile que exige estar desnuda para existir, por fuera de la banda de rock en la que las chicas solo pueden tocar si muestran las piernas. Y, a su vez, más allá de la cursilería de la belleza interior, más allá de los moralismo de la modestia, más allá de la pretensión de anonimato, más allá de la protección, más allá de la fe.
Con todo lo a favor y con todo aquello en contra, en algún mundo podría suceder que el imperativo de “aparecer” sea rechazado. Y que la rebelión comience con una joven que cubriendo su rostro luche por la antigua y mágica experiencia de ser.

4 comentarios:

  1. Hermoso!
    Me encuentro en Malasia y despues de pasar 2 meses entre comunidades musulmanas como la indonesa, singapurense y la misma malaya (tan alejado a mi cotidiano argentino) me toca mas de cerca el team del hiyab.
    Tengo que decir que antes de conocer musulmanes, pensaba que todas las mujeres usaban velo por obligacion, pero despues de hablar con varias veo que no es asi.
    Extraigo lo siguiente de tu texto, que me parecio excelente como referencia para poner en duda a alguien que defina al uso del hiyab como simbolo de opresion: "Un filósofo muerto y querido escribió alguna vez que nuestra sociedad esconde su compulsión por mostrar tras la hipótesis del tabú, de que somos parte de una maquinaria represiva que no nos deja expresarnos. Tal vez, dijo, nuestra sociedad sea todo lo contrario. Tal vez vivamos en un vecindario en el que la ley sea exponernos, vivir desnudos ante el lente de la cámara, ante el ojo del falso censor.".

    Saludos!

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    1. Muchísimas gracias Yem por tu comentario!Malasia e Indonesia son sin duda unos de los lugares a los que quiero ir. Es muy interesante lo que decías: si un sentido tienen los viajes es esa oportunidad que nos dan de combatir prejucios y deshacer nuevas ideas. Tengo un blog en el que escribo sobre mis viajes, te invito a darte una vueltita por ahí también si tenés ganas www.carvansaray.wordpress.com
      Gracias de nuevo por escribir!

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